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Simón Diaz

Es el más célebre músico, compositor e intérprete del género popular venezolano y su obra es considerada como uno de los legados más importantes tanto para la música popular venezolana como para el repertorio musical del resto del continente.

Efecto polarización

La polarización forma pensamientos automáticos y repetidos. Se alimenta de información que quiere oír o leer. La opinión polarizada es primitiva, general, invariable e irreversible. En contraste lo multidimensional, relativo, variable y reversible.

La polarización hace ver el mundo de acuerdo a rangos opuestos: bueno o malo, blanco o negro. Crea pensamiento extremista, sin contrastes ni matices. Emociones y conductas totalitarias y arbitrarias. Lo dicotómico somete nuestra mente a un proceso cognitivo predireccionado. 

La polarización ha sido funesta en naciones y pueblos. Con efectos en lo social, porque agudiza los conflictos. Impone el individualismo y grupismo. El enfoque de parcela. La exclusión. Brota como volcán el egoísmo, narcisismo y envidia. Fallece la tolerancia, empatía y respeto. La sociedad pierde el concepto de patria, nación y Estado. 
En lo económico, debilita el comportamiento económico porque las empresas desvirtúan su misión de producción y rentabilidad. El clima de inversión contrae. Rompe la lógica relación entre empresario y trabajador. Baja cantidad y calidad de bienes. Cada campo maneja sus propios indicadores económicos.

En lo político, la lucha por el poder es fratricida. No hay rivales solo enemigos. Eclipsa el diálogo y coincidencia. La política, que es la ciencia de la negociación y posibilidad, muta hacia la incompatibilidad. Volatiliza estándares democráticos. Los partidos abandonan doctrina, cultura y rige el pragmatismo. 

En lo psicológico, se asienta un estado anímico de angustia, agresividad y odio. La paranoia y trastornos obsesivos se extienden por entre las capas de la estructura social. La vocería política y mediática es retórica en fobias, prejuicios y miedos. Cunden artificios sofisticados que regulan la información
La polarización forma pensamientos automáticos y repetidos. Se alimenta de información que quiere oír o leer. La opinión polarizada es primitiva, general, invariable e irreversible. En contraste lo multidimensional, relativo, variable y reversible. 

La periquera de la oposición

La periquera de la oposición

Pareciera que, paradójicamente, en el momento justo en que el gobierno de verdad temblequea la oposición se ha puesto histérica. Y cuando decimos tiembla es porque tiembla. La crisis económica, repetimos por enésima vez, es monstruosa. Palpablemente monstruosa: pregunte por el precio de lo que primero se le venga a la mente y lo constatará. Busque lo que tanto necesita y seguramente no lo encontrará.

Mida el tamaño de su miedo cuando deba salir en las lóbregas noches de nuestras ciudades. Hechos rotundos y al alcance de todos. Y por otro lado el gobierno, tan monolítico y soberbio durante tanto tiempo, comienza a descoserse, oiga las encuestas, hasta genera sospechas de que se nos venga encima con todo y Constitución.
Condiciones políticas muy favorables si no al "gran cambio", a la salida por la puerta grande, que nadie debería descartar, al menos para cobrar algunas cuentas y revertir sustancialmente los equilibrios de poder, en lo que todos deberíamos coincidir.
Y, es de no creerse, lo que empezamos a ver en el movimiento opositor es un pandemónium sin justificación y que tiene mucho de desvarío y de infantilismo, de hoy digo esto y mañana aquello, que a que te gano en inventar fórmulas extremas y estrafalarias, tú dices "a", yo digo "b"...
Basta ver la variedad de propuestas: acabar con la MUD; dividirse para tratar de volver a unirse (quién duda en que en la unión está la fuerza); reunificarla; reestructurarla; diálogo, mucho diálogo (¡hasta con Cabello!), con muchas o pocas condiciones; guarimbear o marchar en correcta formación; ir a la Constituyente; anexarle un congreso a la Mesa; expandirla hacia una mayoría robusta; proyectar las parlamentarias; pensar que el gobierno se desplomará mañana, o que no cambiará en muchos años...
Los denuestos abundan igualmente: de colaboracionistas y cómplices a aventureros e irresponsables. Ahora bien, si al menos hacemos menos ruido, si medimos los decires, si nos percatamos de que las piedras lanzadas al voleo suelen herir, si recuperamos una cierta sindéresis, si valoramos justamente el diagnóstico del enfermo que nos gobierna las cosas ciertamente irán para mejor.
Quizás un punto de partida ecuánime es el reconocimiento de que las dos líneas políticas mayores que parecen haber amenazado la unidad, el diálogo y la salida, han sufrido muy serios atascamientos. Lo cual no quiere decir que hayan sido derrotadas.
Habrá más calle cuando haya más hambre y desolación. El gobierno dialogará cuando se sienta con el agua al cuello. Pero esos atascamientos son obvios. Ya no hay guarimbas ni mesa de conversación. Ramos Allup lo reconoció no ha mucho (salvo con un colofón infeliz sobre los muertos del otro bando).
Si esto es así al menos ello tiene una ventaja, un papel en blanco donde podemos tratar de escribir en conjunto una novedad que tome en cuenta lo que la experiencia reciente nos ha enseñado: que al gobierno no le gusta oír a los demás y que tiene unas cuantas armas poderosas que maniatan y asesinan.

Y, de otra parte, que hay muchas cosas por hacer, al menos dos grandes tareas: denunciar la incapacidad, el engaño sistemático y el pillaje a que ha sido sometido el país durante tres lustros y acompañar y defender al pueblo en el inevitable via crucis a que va a ser sometido indefectiblemente.
Puede sonar muy retórico pero son buenos propósitos, un camino recto. Que, por supuesto, estará lleno de atajos y veredas, sobresaltos e imprevistos. Simplemente no los decretemos a priori, como no debemos dejar de estar atentos a ellos en cada esquina. Ni aventura, ni resignación.

La nueva corrupción

La nueva corrupción

Vale la pena disponer de unos cuantos minutos para releer unas palabras que resonaron años atrás para justificar una sangrienta asonada militar contra un gobierno legítimamente constituido y que los venezolanos habían escogido por la vía democrática del voto. 


Decían los alzados:
“No podemos permanecer indiferentes a lo que hoy sucede. El inmenso grado de corrupción que plaga todas las esferas de nuestro país, la gran cantidad de privilegios con que cuentan algunos, la falta de castigo a las personas que todos sabemos culpables de haber tomado indebidamente dineros públicos, las políticas económicas que colocan en posición deplorable a los venezolanos más sencillos, la venta a consorcios extranjeros de nuestras empresas fundamentales, la imposibilidad que tiene la gran mayoría de satisfacer sus necesidades básicas, la ineficiencia del sistema y de todos los servicios públicos y en fin el desconocimiento de nuestra soberanía en todos los terrenos, nos fuerzan a tomar una acción destinada a reivindicar la democracia”.
Esta inflamada proclama hubiera podido ser escrita hoy por un opositor, pero lo cierto es que ella fue el basamento de la insurrección armada mediante la cual “militares herederos del Ejército Libertador” intentaron no sólo derrocar al gobierno democrático, sino cometer un magnicidio. Las intenciones eran las de asesinar al presidente Pérez y a su familia, según las investigaciones posteriores. 

Una acción de la que salieron impunes Hugo Chávez, cabeza visible del fracasado putsch, y sus seguidores, y que les sirvió de catapulta para hacerse del poder y luego atornillarse en él con vocación de perennidad.
Si se examinan las perversiones e infracciones argüidas en esa exposición de motivos como causas justificantes de la traición a una Constitución, se verá que ninguna ha sido corregida y, por el contrario, se han multiplicado hasta alcanzar niveles jamás imaginado por el más pesimista de los analistas.
Ha sido tal la dimensión de estas excrecencias que al Poder Moral, a través de la contralora general de la República (encargada), Adelina González, reconoció que la mayoría de los casos de corrupción denunciados ante ese organismo e investigados por sus funcionarios compromete a personas vinculadas con el gobierno, su entorno, y el partido oficialista. 
“¿Quién tiene más alcaldías, gobernaciones y ministerios?”, se pregunta la alta funcionaria: “El gobierno, el partido de gobierno”. Y, remata: “¿Dónde están los funcionarios a quienes nosotros les revisamos su gestión? Obvio, son los que gobiernan, y los estamos investigando (…) Si está desempeñando un cargo público la Constitución dice que usted tiene responsabilidad civil, penal y administrativa”. 
La contralora encargada desveló una verdad tan evidente que nos obliga a preguntarnos cómo ha sido posible que, después de tanto sacrificio inútil y tanta retórica patriotera, hayamos retrocedido en materia de honestidad administrativa, al punto de que el enriquecimiento ilícito ha pasado a ser una recompensa y no un delito.
Queda claro que la autopregonada revolución bolivariana no ha sido más que un acto de revanchismo, un “quítate tú pa’ ponerme yo” que permitió el ascenso al poder, sin arte ni oficio para ejercerlo, de los ambiciosos aventureros del 4 de febrero de 1992, y la escalada social de un malandraje inescrupuloso que demostró, una vez más, que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
Si en el año 1992 la corrupción podía no sólo servir de escudo para ocultar las apetencias de poder y avalar acciones violentas contra la democracia, en 2014 debería justificar el que se le ponga coto, por vía constitucional, a un gobierno que nunca tuvo clara legitimidad de origen.

Las pausas políticas de los mundiales de fútbol

Las pausas políticas de los mundiales de fútbol

Si hay un deporte influyente en los cinco continentes es este, llámese calcio, soccer, balompié, fútbol, y al compararlo con cualquier otro veremos que en cualquier lugar del mundo desde niños a adultos es accesible practicarlo, lo que lo convierte en el deporte verdaderamente universal potable a cualquier sistema político, creencia religiosa o condición geográfica del planeta.

Por tanto, en su larga historia de eventos (20 hasta el presente 2014) iniciada en 1930 la cita universal de cada 4 años capta la atención de multitudes, el fervor y el respiro de las tensiones políticas que han sacudido a la humanidad durante el siglo XX y lo que va del XXI, no estando exentos del aliño político del Estado a la hora de realizarse o de utilizarlos como distracción a crisis económicas y sociales en las que se cuestiona a los gobernantes.
El sacudón que estremece hoy a Brasil 2014 tiene sus antecedentes en Suráfrica 2010, país de una convulsa situación política donde se invirtieron millardos de dólares en los estadios ignorando la realidad social de una región de desigualdades sociales: sin viviendas, con desempleo y pobreza generalizada y una de las tasas más altas de criminalidad del mundo (50 homicidios diarios), incluso conflictos laborales por bajos salarios.

Otro momento crítico de este evento del deporte rey lo caracterizó el Mundial de 1978, durante la dictadura argentina, hecho repudiado por los países europeos debido al régimen existente desde 1976 bajo el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Donde el gobierno militar de Videla movió influencias para que la selección anfitriona quedara campeona y así favorecer la imagen política a partir del triunfo deportivo. Pese a que hubo amenazas de algunos equipos clasificados de no participar, dada la situación política, no hubo ninguna selección ausente. Solo la figura de Holanda en aquel entonces, Johan Cruyff, se reservó el derecho de acudir a la cita orbital, y los jugadores de aquella selección se abstuvieron de saludar a la junta militar cuando recibieron las medallas de subcampeones; posteriormente se reunieron con las Madres de la Plaza de Mayo. (Valle y Suaza).

Similar orientación tuvieron los mundiales de 1934 y 1938 realizados en Italia y Francia en muestra del afán por plasmar la imagen del momento político y social bajo el mandato de Benito Mussolini, quien fue enfático en la necesidad de que la selección italiana ganara el campeonato, lo que se logró gracias a turbios arbitrajes que favorecieron a los azzurri. En síntesis, fue un mundial donde los fines propagandísticos de un régimen político se hicieron evidentes y posicionaron al campeón como un ejemplo del poderío fascista.
En definitiva, demuestra que la pretensión de manipular desde gobiernos estos eventos son aspiraciones de vuelo corto que se esfuman cuando la pobreza, el desempleo, la crisis económica y la incapacidad gobernante se encargan de bajar a tierra y demostrar la terrible realidad que los conduce a la miseria.

Todo está dicho


La angustia y la preocupación es la misma en todos, nada pareciera hacer cambiar la sensación de derrumbe en que está envuelto el país. No avistamos conductas dirigidas a cambiar el rumbo que nos llevará al colapso final. El silencio y la meditación nos acompañan en la búsqueda esperanzada de una solución que, aunque sea a medias,  pueda ser útil para enfrentar y superar la crisis. Estamos a las puertas de una recesión total en la que nada se mueve y las necesidades de los ciudadanos crecen desmedidamente sin que haya respuestas oficiales que ofrezcan soluciones.

El gobierno está raspando la olla, la falta de dinero, los compromisos contraídos por la escandalosa deuda del país, interna y externa que asciende para el primer semestre de 2014 a la astronómica cifra de 240 mil millones de dólares, dentro de poco podrían poner en peligro el pago de toda la nómina activa, pensionados, jubilados, misiones y nóminas paralelas del gobierno central y regionales. Frente a esa inevitable realidad, continúa en ascenso acelerado la escasez de alimentos y productos de consumo diario, reduciéndose la actividad industrial y comercial en forma alarmante.
El desempleo enseña sus fauces amenazantes. La crisis política se radicaliza mucho más. El malestar en la calle es inocultable, sintiéndose un estado de depresión colectiva. La insatisfacción contra el gobierno es indetenible, habiendo caído su respaldo a un 32% en forma violenta. El discurso de confrontación y carente de actitud para el impulso de un diálogo honesto y sin cartas ocultas, la represión en la calle y una administración de justicia sometida al régimen que viola el debido proceso y los derechos humanos, alimentan el caldo de cultivo para extremar la crisis.
El escenario que se siente y vive es igual a aquel que rodea al enfermo terminal para el que no se ven esfuerzos de nadie que impida la llegada del desenlace final. El silencio de la noche oscura podría interrumpirse por el ladrar de los perros, temerosos  ante una sacudida en sus entrañas de la naturaleza, que podría indicarnos la presencia de nuevas luces que alumbrarán los caminos de la justicia divina y la de los hombres, que nos devuelvan la convivencia y la paz a la que tenemos derecho. Todo está dicho, esperemos. 

La represión judicial


El gobierno bolivariano sigue jugando peligrosamente y sin el menor recato al terrorismo judicial, en un intento de dar muestra pública de su poder ilimitado. Son esos momentos históricos en que la aplicación de ley, para desgracia ciudadana, deja al descubierto no la fortaleza de un sistema, sino su profunda debilidad y cobardía ante las legítimas exigencias de una sociedad ansiosa de que impere, como es debido, la Constitución Nacional.


En su mayoría los venezolanos no conocen a sus jueces. Con honrosas excepciones recuerdan la actuación de algunos magistrados respetuosos de la responsabilidad que la república puso en sus manos. Dejaron una deslumbrante presencia tanto en la enseñanza como en la jurisprudencia de este país.

Hoy han surgido casos en extremo deleznables de magistrados bolivarianos que han terminado sus carreras huyendo del país a medianoche como vulgares delincuentes.
Basta preguntarse quién es y cuál es la trayectoria profesional, universitaria o gremial, o cuán profunda y abundante es su contribución en libros y ponencias publicadas de la honorable juez 16 de Control, Adriana López. No lo sabemos pero imaginamos que debe tener un cierto peso y una trayectoria brillante en la universidad. En esto la prensa ha fallado porque es necesario conocer a quien tiene y ha tenido una responsabilidad tan grande.
Esto no es nada nuevo. En Italia surgió un movimiento de jueces (Mani Pulite) que movió los cimientos del mundo judicial y político. En España el juez Garzón fue capaz de meterle las vacas en el corral al dictador Pinochet. Hoy en Venezuela la justicia la ejerce un ejército de sombras.

A la juez López le ha tocado un caso que no es fácil: el pase a juicio del líder político Leopoldo López, y de los estudiantes Marco Coello y Chistrian Holdack, quienes tendrán que continuar en prisión esperando el juicio, lo que viola los principios básicos del Código Orgánico Procesal Penal, como es la afirmación de libertad y la presunción de inocencia. Es muy raro que un juez se resbale de esa manera y olvide el COPP.
Pero lo cosa va para largo: ahora ya han sido citados para declarar en la Fiscalía General, en calidad de testigos, por ahora, María Corina Machado, Diego Arria, Henrique Salas Romer, Gustavo Tarre Briceño, Robert Alonso Bustillos, Pedro Burelli y Ricardo Koesling por el rocambolesco plan magnicida. Lo insólito es que la justicia investigue un hecho que no ha ocurrido y no mueva un dedo por los 44 muertos causados por los disturbios ocurridos en el país.
Desde el lunes todos estos personajes de la vida pública nacional comenzarán a rendir declaraciones ante la fiscal 20°, Katherine Harrington Padrón, que la recordamos por sus actuaciones contra Ana María San Miguel, cuñada de Rocío San Miguel. Nuevamente el gobierno arremete contra los líderes políticos que se oponen a su forma de pensar e intentan amedrentarlos con citaciones y acusaciones absurdas.
No es de extrañar que aun y cuando la citación a estos personajes solo es como testigos, termine en el encarcelamiento de estos ciudadanos pues la justicia venezolana hace con las leyes y la Constitución lo que le da la gana, la majestad que en su época tuvo el Poder Judicial se perdió con esta revolución.
Podemos estar ante el inicio del encarcelamiento y la persecución de todo el que piense diferente, llámense políticos, estudiantes, defensores de derechos humanos y de todo el que se atreva a dar una opinión sobre el caos bolivariano.
No podemos perder de vista a estos siete ciudadanos que el lunes tendrán que asistir a la Fiscalía a declarar sobre el supuesto plan de magnicidio. No sería extraño que de testigos pasen a imputados y terminen en Ramo Verde. O Ramo Rojo.