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Simón Diaz

Es el más célebre músico, compositor e intérprete del género popular venezolano y su obra es considerada como uno de los legados más importantes tanto para la música popular venezolana como para el repertorio musical del resto del continente.

Carlos Raul Hernandez: Soy un Rolex


La oposición entró en crisis efecto de los nuevos estragos de la antipolítica a partir del 12-F. Compraron a crédito a cuenta de la implosión del Gobierno, e implotaron ellos según las encuestas. La ficción de que Maduro se desbarataría -decirle burro a alguien sin verse las propias orejitas- encendió las alarmas de factores económicos (y políticos) sobre la necesidad de barrer de la jugada la MUD, los partidos. Decidieron arrollarlos con la entelequia que llamaron "la calle", y al revés, ayudaron a apuntalar al Gobierno.

El balance de estos brutos y dolorosos meses: odios fraternos, laboratorios-cloaca intra opositores, tesis desgreñadas, "vías rápidas" y discursos vacíos de cordura llenos de autohalagos y banalidades: soy inquebrantable, indoblegable, inderrotable, tengo caja oyster, me sumerjo a 10.916 metros en las fosas Marianas, subí con Edmund Hillary los 8.848 mts. del Everest. Una campaña de Rolex.
Y lo más grave. Lo que puede impedir un gobierno castrista, o del PRI que amarró México por 70 años, es la posible victoria opositora en 2015 y el neoabstencionismo la pone en riesgo. La antipolítica lleva 25 años de destrucción, no se cansa, y es la principal responsable del naufragio del país más promisor de Latinoamérica.
Desde los 80, grupos políticos y plutocráticos, figuras antisistema mimadas por la democracia, quisieron controlar el poder pero entendieron que su principal obstáculo eran los grandes partidos policlasistas, que en las democracias son alianzas sociales amplias que impiden que los grupos particulares de interés o la subversión controlen el poder. Con los partidos incólumes, no tendrían chance. Minorías de derecha e izquierda (las últimas hoy gobiernan) desataron una feroz campaña para destruirlos moralmente, desmantelarlos y lo lograron.
"Yo no soy político"

Los partidos son imperfectos como cualquier obra humana -hasta la Iglesia-, cometen miserias y son vulnerables al descrédito. La antipolítica consiste en hacer política pero decir que uno no lo es, para denigrar a los que dicen que si lo son, como hicieron los poderes fácticos. Se acusa a los políticos de encarnar lo peor, sujetos incapaces para desempeñar cualquier función útil, que por eso se meten en tan degradado oficio.
Eso describe perfectamente la terrible estulticia e irrealidad de los anti, que solían decir que de no estar ocupados de cosas más importantes (sus actividades privadas) se encargarían de lo público. Cuántas veces se afirmó la vaciedad de que "Venezuela necesita un gerente" y cuando lo tuvo, duró 24 horas. La política es el oficio humano superior y sobre ello se han escrito bibliotecas.
Esas obras versan sobre la conquista y ejercicio del poder, lo que llaman gobernanza y gobernabilidad, las complejidades de crear y mantener condiciones para que los seres humanos tengan vidas felices y normales. Los grandes médicos, ingenieros, empresarios, artistas, abogados, historiadores, politólogos, químicos, como todo el mundo, al final están regidos por líderes políticos. Platón quiso minimizarla y dijo que debían gobernar los sabios, y Aristóteles respondió con un majestuoso tratado que se llama precisamente La política. 1.200 años después, Maquiavelo elaboró El Príncipe sobre las virtudes necesarias de un conductor.
Luego de liquidar la democracia, poderes fácticos y gerentes controlaron la oposición hasta 2006. Demostraron que no son capaces de ponerse en el lugar del interlocutor, el secreto para construir mayorías.
Megaplastas, guarimbas...

Fracaso tras fracaso prueba que la antipolítica no sirve para la política: megaplasta, plaza-Altamira, guarimbas, paro petrolero, abstencionismo y luego retiro de las candidaturas (2005), llevaron la oposición prácticamente a desaparecer. Si hoy no hay un Castro local es porque los partidos tomaron el control con la candidatura de Rosales, y dieron el vuelvan caras hacia las instituciones. La antipolítica es huraña, caprichosa, extravagante, tiene una visión caballeresca propia del siglo XIV, especie de pureza de casta.
Mientras en las autocracias hay que pugnar para abrir ventanas, la anti se asquea, se va a su casa y más bien brega porque cierren todo de una vez, que llegue el diluvio. Si hay vicios electorales, "no hay que ser cómplice". Si hay amenazas en un medio de comunicación se exige a los periodistas irse a pasar hambre, pero eso sí "con dignidad".
Hablar con el Gobierno es "traición". Es el asco a la realidad, a estar ahí, mundeando diría Heidegger pero es épico y estético que grupos de niños inermes se estrellen contra el aparato represivo "para tumbar al Gobierno" y ellos poner tuits, aunque la decencia enseña a no usarlos en los apetitos, porque no tienen conciencia del peligro. Bichos como Hezbolá y Hamás los hacen escudos humanos.
Reseña Matthias Kuntzel que en la guerra Irán-Iraq los ayatolas arrojaban millares de jóvenes para despejar los campos minados. "Chicos voluntarios de 12 a 17 años iban a los campos sembrados con minas. Sus ojos no veían nada, sus oídos no escuchaban nada. Y luego, se veían nubes de polvo (y)... quedaban desparramados trozos de carne humeante y pedazos de hueso... ". Previo les colgaban en el pecho una llave plástica a cada uno "para que abrieran las puertas del Paraíso". Se lo habían ganado. Los estudiosos harán las consideraciones éticas.

El harakiri de la MUD

El harakiri de la MUD

El fracaso de "La Salida", movimiento insurgente que buscaba sacar de la presidencia a Maduro y del cual quedaron 43 muertos, centenares de presos, heridos, perseguidos y enjuiciados, exiliados, alcaldes destituidos y en la cárcel, además del encarcelamiento previo que ocurrió por su entrega personal de Leopoldo López, líder de VP y promotor de las acciones de protesta, así como la pérdida de la investidura y curul en la AN de María Corina Machado y las amenazas para la aplicación de iguales medidas para Antonio Ledezma, precipitó la crisis dentro de la unidad opositora que mostró la carencia e indefinición estratégica de sus objetivos para impulsar sus luchas frente al Gobierno nacional. Proyectó además una guerra sin cuartel de quienes sin ninguna prudencia no han perdido tiempo en actuar en la búsqueda presente y futura de posiciones de liderazgos con miras a la obtención del poder por cualquier vía. 

Esta situación ha causado graves daños al proceso unitario en donde se aprecia un ambiente de intolerancia, de pérdida de afectos, respeto y clarificación de conductas de los integrantes de dicho organismo, lo que ha creado condiciones difíciles que obstaculizarán las iniciativas para relanzar el trabajo armonioso de la MUD. 
Esta crisis terminó de provocar la salida de quien precisamente no era el objetivo escogido por el movimiento que se inició el 12 de febrero en San Cristóbal, con la muerte de dos estudiantes, acarreando la lamentable renuncia a la Coordinación de la Secretaria General de la MUD por parte de Ramón Guillermo Aveledo. Será difícil llenar el vacío, no el del hombre, sino el del político discreto, inteligente, equilibrado, agudo, de manejo diplomático en sus relaciones y expresiones, un político de mucho nivel contra quien se ensañaron, no obstante no ser un obstáculo para las aspiraciones de aquellos de andar rápido, precipitados, desmedidos  y cargados de tempraneras ambiciones, empeñados en adelantar los tiempos y otros en la espera desesperada del tren para el cual no volverá a pasar. No se detuvieron a pensar que en esa desbordada carrera, desconsiderada e irrespetuosa para las esperanzas de las masas opositoras los llevaría a que se les vea en posición de derrotados. 
Fracaso "La Salida" y como consecuencia la MUD sobrevive con mucho plomo en el ala, lo que le dificultará levantar vuelo de nuevo. Nicolás Maduro, por ahora, respira reposado deshojando su destino, el que pareciera que por las ayudas recibidas de los impacientes ha evitado que el autobús que conduce aún no se haya desbarrancado. 

El Tirano y la harina Pan

El Tirano y la harina Pan

La historia se toma su tiempo. Cobra venganzas poco a poco y disfruta a sus anchas el menú frío que ha mantenido durante siglos en el congelador. El Padre Tiempo se sienta a esperar, se peina las canas sin prisas y, por fin, seguro de que el calendario jamás le fallará, se pone a manducar. O a celebrar un ayuno pendiente y programado con suficiente anticipación, porque sus planes no solo consisten en llenarse la barriga sino también en evitar que los mortales se alimenten.

En los lejanos tiempos de la conquista, un famoso personaje vestido de coraza y protegido por larga espada, se disgustó con los venezolanos y se dedicó a hacerles guerra. Era Lope de Aguirre, el famoso Tirano Aguirre, cuyas dificultades para hacerse del poder que pretendía lo llevaron a maldecir a los nativos de entonces y anunciarles terribles reprimendas. Impresionado por lo que consideraba como un atentado contra las amenidades y los refinamientos de la gastronomía, consideró que unas personas que se dedicaban de preferencia a consumir arepas no parecían gente, ni podían considerarse como súbditos del rey de España. 
El Tirano veía con desconfianza a esos extraños indígenas que se ocupaban de cultivar maíz para después convertirlo en rústicos panes que ocupaban el centro de su mesa. No creo que puedan pensar con cristiana inteligencia después de tragarse esas porquerías, decía a quien lo quisiera escuchar, ni que merezcan la confianza de la gente civilizada. Hasta se atrevió a sugerir a los frailes que incluyeran en su catequesis la prohibición de ese mazacote propio de animales, como posibilidad de que pudieran salvar el alma a la hora del juicio final. Los evangelizadores no atendieron la sugerencia, no solo porque les pareció estrambótica sino especialmente porque se aficionaron a comer arepa. 
Si el Tirano Aguirre murió confiado en que la historia llevaría a cabo su cruzada, puede ahora descansar en paz. Pasó la conquista, pasó la Independencia, pasó la Guerra Federal, pasaron muchos otros episodios históricos sin que nadie se ocupara de cumplir su pendiente testamento, pero por fin la providencia se detuvo en sus ruegos. El Padre Tiempo no había olvidado el clamor del más aguerrido de los marañones, del coracero que quiso retar al propio rey de España, y quiso complacerlo valiéndose del auxilio de un flamante conquistador de nuestros días que se ha dado a la tarea de cambiar el menú de sus vasallos. Nicolás, es tu turno, dijo el Padre Tiempo, acaba de una vez con los come arepa que tanto atormentaron a don Lope. 
Así como oye la voz de ciertos pajarillos del contorno, el conquistador Nicolás tiene la facultad de comunicarse con el Padre Tiempo. No solo porque se le ha concedido ese portentoso don, sino también porque a veces los mensajes del más allá coinciden con los planes que tiene para el más acá. Dado que se ha puesto la tarea de cambiar las costumbres alimenticias de los venezolanos porque las considera demasiado dispendiosas y excesivamente capitalistas, el destino puso en su conocimiento la rabia de Aguirre contra los come arepa y la convirtió en revolucionaria rabia propia. Y, después de mucho cavilar, después de consultas con los teólogos de confianza, encontró el camino para homenaje de la memoria de don Lope: la guerra contra la harina precocida, elemento primordial para la elaboración de esa alimento tan despreciado por el ilustrado antecesor. Si los vasallos sienten incomodidad ante el retorno de la cruzada, tendrá una maravillosa excusa que en nada extrañará a los comedores de arepa que se han acostumbrado a insólitas explicaciones: fue una orden de ultratumba, enviada por el Padre Tiempo.

Efecto polarización

La polarización forma pensamientos automáticos y repetidos. Se alimenta de información que quiere oír o leer. La opinión polarizada es primitiva, general, invariable e irreversible. En contraste lo multidimensional, relativo, variable y reversible.

La polarización hace ver el mundo de acuerdo a rangos opuestos: bueno o malo, blanco o negro. Crea pensamiento extremista, sin contrastes ni matices. Emociones y conductas totalitarias y arbitrarias. Lo dicotómico somete nuestra mente a un proceso cognitivo predireccionado. 

La polarización ha sido funesta en naciones y pueblos. Con efectos en lo social, porque agudiza los conflictos. Impone el individualismo y grupismo. El enfoque de parcela. La exclusión. Brota como volcán el egoísmo, narcisismo y envidia. Fallece la tolerancia, empatía y respeto. La sociedad pierde el concepto de patria, nación y Estado. 
En lo económico, debilita el comportamiento económico porque las empresas desvirtúan su misión de producción y rentabilidad. El clima de inversión contrae. Rompe la lógica relación entre empresario y trabajador. Baja cantidad y calidad de bienes. Cada campo maneja sus propios indicadores económicos.

En lo político, la lucha por el poder es fratricida. No hay rivales solo enemigos. Eclipsa el diálogo y coincidencia. La política, que es la ciencia de la negociación y posibilidad, muta hacia la incompatibilidad. Volatiliza estándares democráticos. Los partidos abandonan doctrina, cultura y rige el pragmatismo. 

En lo psicológico, se asienta un estado anímico de angustia, agresividad y odio. La paranoia y trastornos obsesivos se extienden por entre las capas de la estructura social. La vocería política y mediática es retórica en fobias, prejuicios y miedos. Cunden artificios sofisticados que regulan la información
La polarización forma pensamientos automáticos y repetidos. Se alimenta de información que quiere oír o leer. La opinión polarizada es primitiva, general, invariable e irreversible. En contraste lo multidimensional, relativo, variable y reversible. 

La periquera de la oposición

La periquera de la oposición

Pareciera que, paradójicamente, en el momento justo en que el gobierno de verdad temblequea la oposición se ha puesto histérica. Y cuando decimos tiembla es porque tiembla. La crisis económica, repetimos por enésima vez, es monstruosa. Palpablemente monstruosa: pregunte por el precio de lo que primero se le venga a la mente y lo constatará. Busque lo que tanto necesita y seguramente no lo encontrará.

Mida el tamaño de su miedo cuando deba salir en las lóbregas noches de nuestras ciudades. Hechos rotundos y al alcance de todos. Y por otro lado el gobierno, tan monolítico y soberbio durante tanto tiempo, comienza a descoserse, oiga las encuestas, hasta genera sospechas de que se nos venga encima con todo y Constitución.
Condiciones políticas muy favorables si no al "gran cambio", a la salida por la puerta grande, que nadie debería descartar, al menos para cobrar algunas cuentas y revertir sustancialmente los equilibrios de poder, en lo que todos deberíamos coincidir.
Y, es de no creerse, lo que empezamos a ver en el movimiento opositor es un pandemónium sin justificación y que tiene mucho de desvarío y de infantilismo, de hoy digo esto y mañana aquello, que a que te gano en inventar fórmulas extremas y estrafalarias, tú dices "a", yo digo "b"...
Basta ver la variedad de propuestas: acabar con la MUD; dividirse para tratar de volver a unirse (quién duda en que en la unión está la fuerza); reunificarla; reestructurarla; diálogo, mucho diálogo (¡hasta con Cabello!), con muchas o pocas condiciones; guarimbear o marchar en correcta formación; ir a la Constituyente; anexarle un congreso a la Mesa; expandirla hacia una mayoría robusta; proyectar las parlamentarias; pensar que el gobierno se desplomará mañana, o que no cambiará en muchos años...
Los denuestos abundan igualmente: de colaboracionistas y cómplices a aventureros e irresponsables. Ahora bien, si al menos hacemos menos ruido, si medimos los decires, si nos percatamos de que las piedras lanzadas al voleo suelen herir, si recuperamos una cierta sindéresis, si valoramos justamente el diagnóstico del enfermo que nos gobierna las cosas ciertamente irán para mejor.
Quizás un punto de partida ecuánime es el reconocimiento de que las dos líneas políticas mayores que parecen haber amenazado la unidad, el diálogo y la salida, han sufrido muy serios atascamientos. Lo cual no quiere decir que hayan sido derrotadas.
Habrá más calle cuando haya más hambre y desolación. El gobierno dialogará cuando se sienta con el agua al cuello. Pero esos atascamientos son obvios. Ya no hay guarimbas ni mesa de conversación. Ramos Allup lo reconoció no ha mucho (salvo con un colofón infeliz sobre los muertos del otro bando).
Si esto es así al menos ello tiene una ventaja, un papel en blanco donde podemos tratar de escribir en conjunto una novedad que tome en cuenta lo que la experiencia reciente nos ha enseñado: que al gobierno no le gusta oír a los demás y que tiene unas cuantas armas poderosas que maniatan y asesinan.

Y, de otra parte, que hay muchas cosas por hacer, al menos dos grandes tareas: denunciar la incapacidad, el engaño sistemático y el pillaje a que ha sido sometido el país durante tres lustros y acompañar y defender al pueblo en el inevitable via crucis a que va a ser sometido indefectiblemente.
Puede sonar muy retórico pero son buenos propósitos, un camino recto. Que, por supuesto, estará lleno de atajos y veredas, sobresaltos e imprevistos. Simplemente no los decretemos a priori, como no debemos dejar de estar atentos a ellos en cada esquina. Ni aventura, ni resignación.

La nueva corrupción

La nueva corrupción

Vale la pena disponer de unos cuantos minutos para releer unas palabras que resonaron años atrás para justificar una sangrienta asonada militar contra un gobierno legítimamente constituido y que los venezolanos habían escogido por la vía democrática del voto. 


Decían los alzados:
“No podemos permanecer indiferentes a lo que hoy sucede. El inmenso grado de corrupción que plaga todas las esferas de nuestro país, la gran cantidad de privilegios con que cuentan algunos, la falta de castigo a las personas que todos sabemos culpables de haber tomado indebidamente dineros públicos, las políticas económicas que colocan en posición deplorable a los venezolanos más sencillos, la venta a consorcios extranjeros de nuestras empresas fundamentales, la imposibilidad que tiene la gran mayoría de satisfacer sus necesidades básicas, la ineficiencia del sistema y de todos los servicios públicos y en fin el desconocimiento de nuestra soberanía en todos los terrenos, nos fuerzan a tomar una acción destinada a reivindicar la democracia”.
Esta inflamada proclama hubiera podido ser escrita hoy por un opositor, pero lo cierto es que ella fue el basamento de la insurrección armada mediante la cual “militares herederos del Ejército Libertador” intentaron no sólo derrocar al gobierno democrático, sino cometer un magnicidio. Las intenciones eran las de asesinar al presidente Pérez y a su familia, según las investigaciones posteriores. 

Una acción de la que salieron impunes Hugo Chávez, cabeza visible del fracasado putsch, y sus seguidores, y que les sirvió de catapulta para hacerse del poder y luego atornillarse en él con vocación de perennidad.
Si se examinan las perversiones e infracciones argüidas en esa exposición de motivos como causas justificantes de la traición a una Constitución, se verá que ninguna ha sido corregida y, por el contrario, se han multiplicado hasta alcanzar niveles jamás imaginado por el más pesimista de los analistas.
Ha sido tal la dimensión de estas excrecencias que al Poder Moral, a través de la contralora general de la República (encargada), Adelina González, reconoció que la mayoría de los casos de corrupción denunciados ante ese organismo e investigados por sus funcionarios compromete a personas vinculadas con el gobierno, su entorno, y el partido oficialista. 
“¿Quién tiene más alcaldías, gobernaciones y ministerios?”, se pregunta la alta funcionaria: “El gobierno, el partido de gobierno”. Y, remata: “¿Dónde están los funcionarios a quienes nosotros les revisamos su gestión? Obvio, son los que gobiernan, y los estamos investigando (…) Si está desempeñando un cargo público la Constitución dice que usted tiene responsabilidad civil, penal y administrativa”. 
La contralora encargada desveló una verdad tan evidente que nos obliga a preguntarnos cómo ha sido posible que, después de tanto sacrificio inútil y tanta retórica patriotera, hayamos retrocedido en materia de honestidad administrativa, al punto de que el enriquecimiento ilícito ha pasado a ser una recompensa y no un delito.
Queda claro que la autopregonada revolución bolivariana no ha sido más que un acto de revanchismo, un “quítate tú pa’ ponerme yo” que permitió el ascenso al poder, sin arte ni oficio para ejercerlo, de los ambiciosos aventureros del 4 de febrero de 1992, y la escalada social de un malandraje inescrupuloso que demostró, una vez más, que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
Si en el año 1992 la corrupción podía no sólo servir de escudo para ocultar las apetencias de poder y avalar acciones violentas contra la democracia, en 2014 debería justificar el que se le ponga coto, por vía constitucional, a un gobierno que nunca tuvo clara legitimidad de origen.