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Simón Diaz

Es el más célebre músico, compositor e intérprete del género popular venezolano y su obra es considerada como uno de los legados más importantes tanto para la música popular venezolana como para el repertorio musical del resto del continente.

Hora de balance


Es la hora de los balances. Los aniversarios se prestan para eso, para ver la evolución de los indicadores y comparar situaciones y hacer fotografías de la situación "antes" y "después". El "antes" y "después" del triunfo de Maduro es absolutamente aterrador.

El propio presidente Maduro lo debe saber, y debe odiar profundamente el momento en el que fue elegido para ser nada mas y nada menos que el que encarnaría el fin del modelo chavista, el que está allí asumiendo la inviabilidad de un modelo, la insostenibilidad del funcionamiento de la concepción misma de un Estado y de una sociedad. El documento que llega a mis manos para hacer el balance es el extraordinario trabajo de Luis Pedro España, El socialismo petrolero.
Situación y políticas sociales bajo un fallido modelo de desarrollo, editado por el ILDIS y la Fundación Friedrich Ebert, en Caracas en octubre de 2013. En solo 15 páginas España demuestra que lo que el gobierno ha presentando incesantemente ante la prensa internacional como la reducción de las desigualdades sociales no es otra cosa que un boom del consumo.
Entre 2004 y 2008, etapa crucial del socialismo petrolero, no hubo ninguna transformación estructural que hicieran que aquellos que dejarían de ser pobres gracias a la transferencia directa de recursos financieros, no volvieran a serlo unos pocos años después. El aumento del consumo directo no es solo una cuestión de clientelismo, porque aparte de estar en una lista de una misión para recibir algo, la gente tenia acceso a una liquidez inmediata y todo el mundo compró de todo. La profunda ineficacia de las misiones en la resolución estructural de la pobreza es palpable hoy.
La expansión del empleo precario y la reducción de un mercado laboral donde los jóvenes puedan conseguir trabajo y ser autónomos hace que los venezolanos estén condenados a ser una población dependiente de aquellos que deciden quién merece recibir y quién no. Esto ha sido dicho hasta la saciedad y por mi parte me he dedicado a desglosar como el gobierno se ha apoderado de los sentimientos y las emociones "buenas" que genera el "ocuparse de los pobres" para justificar el autoritarismo y el fin de las instituciones y así acumular un poder infinito.
Lo que resulta muy curioso e interesante es ver como los simpatizantes incondicionales del chavismo en las universidades norteamericanas y europeas van ahora a explicar cómo fue que si se habían reducido las desigualdades sociales ahora nos encontramos ante el empobrecimiento masivo de una sociedad. Porque el salto a la pobreza que dimos en las ultimas semanas es el más grande que haya sufrido una sociedad latinoamericana en los últimos veinte años.
Cómo fue que el vanagloriado fin de la pobreza se acabó de golpe y porrazo y ahora resulta que todo el mundo es pobre salvo los funcionarios bien posicionados. De octubre para acá, Nicolás, se acabó el modelo y dejó de funcionar la cosa. De un país "modelo de justicia social" pasamos a ser un país paupérrimo, violento y desorganizado al que ni los periodistas chavistas pueden venir porque no pueden pagar el precio de los boletos aéreos.

Otra voz


En el principio existía el verbo, la retórica. "No negociamos, apenas dialogamos" o "no dialogamos sino que negociamos"... , "no pactaremos nada, solo vamos a ponernos de acuerdo... ", "esto es simplemente un encuentro, no un acuerdo", en un simpático trabalenguas para disimular el fondo. Por algo Voltaire escribió que el lenguaje puede ser el mejor instrumento para encubrir el pensamiento. Negociar, pactar, encontrarse o dialogar, que en este caso van de lo mismo, resulta en intenso difícil cuando los extremos se descontrolan, no tascan la rienda. El gobierno descalabrado, políticamente extremista, concurre al encuentro de mala gana, después de equivocarse en todo lo que ha hecho y convertir la vida en un infierno, según la mayoría del país. Lo llevan por las narices, escupiendo maldiciones ("la oposición no quiere que la llame fascista pero no conozco otro término").

Como ocurre con frecuencia en este tipo de sucesos, se trata del encuentro de dos debilidades. La oposición dividida, descalabrada, maltrecha, después de una trágica, fallida e innecesaria aventura, mientras varios rezan cadenas de rosarios para que el diálogo fracase y retornar con el triunfal "yo lo dije! (¿y cómo para qué?..., ¿para de nuevo amargarles la vida a los vecinos de Chacao, El Cafetal y Santa Fe?) No se sabe cómo están las apuestas, pero asistir al diálogo es la decisión bizarra, correcta, valiente, incluso si hubiera que retirarse de la mesa, y en cualquier circunstancia habría sido un error no asistir. Los gobiernos, parlamentos, partidos, medios de comunicación y grupos importantes de la opinión pública internacional, ponen atención en este instante sobre el comportamiento de los actores del conflicto.
Odebrecht presiona diálogo

Unasur ha sido esencial y le ha torcido el brazo a Maduro. Venezuela les debe mucho dinero, prácticamente está en moratoria con esos países, y los gobiernos -que a diferencia de éste velan por el bienestar de sus pueblos-, tienen claro que si no ayudan a que rectifique, el colapso económico va a tener serias repercusiones en el área. Lula personalmente se hizo garante del chavismo ante los empresarios brasileros y él mismo está demasiado vinculado a Odebrecht como para quedarse quieto, porque derramar el apoyo de estos grupos es perder poder en Brasil. Raúl Castro sabe que si no fuera por el apoyo venezolano su monarquía hubiera naufragado hace tiempo y si quiere sobrevivir, debe aceptar la iniciativa de Unasur. El gobierno de Maduro se ha hecho impresentable en el contexto de las naciones civilizadas, con 40 muertes encima y nadie debería sugerir que como "el mundo se fijó en Venezuela", tales víctimas serían una especie de "victoria".
El Gobierno asesinó gente por su bestialidad y eso no es triunfo de nadie, sino una maldita tragedia. La inmensa mayoría de los ciudadanos, más de 70% está de acuerdo con que el diálogo se realice, factor que a su vez presiona a los dos en pugna. La reunión del jueves 10 de abril en la noche fue un acontecimiento político y mediático de primera magnitud, de los más importantes en quince años de lucha democrática. La ciudadanía estaba desconcertada de ver juntos tigres y elefantes, intentando con relativo éxito hablar como hacen los dirigentes opuestos en cualquier parte del mundo civilizado. Es normal que ambos grupos piensen que acercaron la brasa a su sardina y posiblemente sea cierto pero nada de hojarasquería como que "la oposición legitimó... .". Menos poner condiciones incumplibles al estilo Septiembre Negro, que pedía la liberación de todos los presos políticos del mundo para soltar la delegación deportiva israelí, secuestrada en las Olimpiadas de Munich (1972).
Denuncie los golpistas

Como afirmó R.G. Aveledo, el país escuchó otra voz en cadena nacional. Está en la esencia de las revoluciones deshumanizar al que disiente y se le infama en vez de mencionarlo (gusano, escuálido, contra). Por primera vez el Gobierno se refiere a la oposición como un adversario político legítimo, al estilo de cualquier democracia, pero todavía les falta mucho por aprender. Tienen aún que superar muchos complejos de inferioridad para no hablar como cosacos. Si esto anunciara una etapa, sería un logro, pero no se puede aún cantar éxitos. Cabello hizo el papel de duro, Harry el sucio, que asumió desde hace tiempo, lanzó acusaciones caprichosas como "veo a la oposición en un solo paquete" y quiso justificar el exabrupto de paramilitares armados al servicio del Gobierno, los Tupamaros, presentes con el dudoso propósito de lavarles la cara.

Ramos Allup respondió contundente: si sabe de opositores metidos en golpes, menciónelos, porque hablar de eso en genérico es síntoma de debilidad del Gobierno, y puso el centro de su razonamiento en el regreso al imperativo constitucional, del que el régimen se salió hace mucho. Más allá de haber sido un acontecimiento de gran trascendencia, para que el diálogo dé frutos es necesario conjugar su importancia mediática con la gerencia. El maximalismo ingenuo es enemigo de los resultados. Solo estos harán evidente que movilizar tanta gente importante valió la pena y que los ciudadanos que presenciaron las interminables cinco horas del debate y se perdieron Atracción fatal y Mad men en el cable, hacían algo razonable.

¿Y el pueblo?


El catalizador de las manifestaciones y del carácter que progresivamente tomaron fue la consigna de Leopoldo López de sacar por este medio al Gobierno. Nosotros queremos decir de entrada que no estamos de acuerdo con ese método, tanto porque no nos parece realista como porque, aunque lograra su objetivo, no nos parece legítimo y sembraría un precedente peligrosísimo.


Causas que están en el fondo de las manifestaciones

Ahora bien, sería absolutamente simplista pensar que lo que está sucediendo con tanta compulsividad nació de la decisión de Leopoldo. Existía y existe un malestar de fondo con el Gobierno, malestar muy justificado y además presente en todos los sectores del país incluidos los chavistas.Tres son las razones de peso que comparte una abrumadora mayoría de conciudadanos:
La primera, la más grave de todas, es la inseguridad pavorosa; no solo, los robos incesantes y los secuestros, que ya casi no se denuncian, sino, sobre todo, los asesinatos a mansalva. Causas de fondo son la falta de expectativas, la falta de cohesión social y, sobre todo, la falta de conciencia de la propia dignidad; pero causas concomitantes de extrema gravedad son la ineficiencia del Estado en cumplir su deber de garantizar la seguridad de los ciudadanos y de sus propiedades debido, en gran medida, a la complicidad de los órganos de seguridad y del sistema judicial, que da como resultado la impunidad reinante que descorazona a la ciudadanía que llega a expresar que solo de Dios espera ya justicia. Este estado de cosas es tan grave que hace pensar que no estamos en un Estado de derecho.
La segunda causa es la destrucción del aparato productivo, tanto por la propuesta de un modelo estatista, ya fracasado, como por la pavorosa ineficiencia de las empresas del Estado. El resultado es que habiendo dispuesto del doble de renta petrolera que toda la democracia, tenemos que importar casi todo porque no producimos casi nada y por eso no bastan los dólares y el Estado se ha endeudado de modo tan escandaloso que está comprometiendo el futuro, ya que gran parte del petróleo que se venda no generará ingresos porque ya se nos pagó por adelantado. Por eso, como no hay dólares para comprarlo escasea todo, no solo la comida sino los repuestos y en general los implementos de todo el sistema de bienes y servicios. El racionamiento patentiza la soberbia del Gobierno que prefiere sumirnos en la miseria antes que rectificar y pactar con la empresa privada dándole garantías –que no son otras, por lo demás, que las garantizadas en la Constitución y que el Gobierno ha incumplido– sin entregarse, obviamente, en manos de ella, que no es lo mismo.
La tercera causa es la corrupción. La existencia inocultable de la boliburguesía la patentiza. Una lacra tan extendida que invalida todo discurso altruista por parte del Gobierno. La causa de fondo es la misma que la de la violencia: el olvido de la propia dignidad, el mismo olvido que achaca con razón al neoliberalismo. Pero la posibilidad de hacerlo impunemente deriva de la opacidad antidemocrática de todo el aparato estatal que no expone los datos ni rinde cuentas, además de que no existen órganos contralores independientes, como manda la Constitución. Es claro que la preferencia hasta hoy de la importación sobre el estímulo a la producción nacional, que está arruinando al país, no se debe solo al resentimiento contra el empresariado, sino también a las jugosas comisiones en las importaciones directas y a las compañías de maletín denunciadas, pero nunca sancionadas.
Acometer la solución de estos tres macroproblemas exige nada menos que un cambio de modelo. El Gobierno lo sabe y por eso, cuando la opinión pública lo hace inexcusable, decreta planes que nunca se implementan porque la solución es de fondo. Por ahora no se ve voluntad política para hacerlo. Desgraciadamente nosotros creemos que solo pondrá manos a la obra cuando no tenga más remedio para no desplomarse. El problema es que entonces será demasiado tarde.
Esta es la razón de fondo de las protestas que, como vemos, es absolutamente razonable; aunque, como hemos expresado, no creemos que mantenerse en la calle hasta que el Gobierno caiga sea el camino adecuado para que se solucionen los problemas señalados. Por el contrario, es el mejor pretexto para que el Gobierno, en vez de concentrarse en resolverlos convocando acuerdos nacionales, radicalice su tendencia fascista: gobernar solo para los suyos, sustituir la verdad por la propaganda, demonizar a los opositores, utilizar la fuerza desmedida y la desprotección de los derechos ciudadanos y humanos. Si la camorra opositora suena también a fascista, uno a otro se realimentan. El que pierde es, obviamente el país.
Quiénes han salido a la calle y por qué
¿Quiénes han salido a la calle en las manifestaciones pacíficas? No la burguesía ni el pueblo, aunque hayan salido elementos de una y de otro. Tampoco la clase media alta. Ha salido sobre todo, la clase media media y la clase media baja, asalariadas. ¿Por qué precisamente ellas? Porque en estos últimos años son los que más han perdido. Quien vende, incluso de la clase popular, traslada al comprador el aumento incesante de costos. Pero quien vive de un sueldo se va proletarizando incesantemente, estando actualmente por debajo de gente de clase popular que trabaja por cuenta propia o tiene su negocito. Y tiene más gastos que ellos.
Ahora bien, no es solo el descenso pavoroso e injusto de su nivel de vida; le afecta igualmente el deterioro de sus condiciones de trabajo, sea en un hospital o en la universidad, para poner dos casos evidentes, y es por esta causa que han salido a marchar. Aquí es donde viene el modelo. El Gobierno no da a quien no es chavista y estos gremios no lo son. Si se atuviera a la Constitución, como son empleados del Estado y no del gobierno, no tendría que haber ningún problema. Pero mientras persista en su tendencia totalitaria, el problema no tendrá solución.
Este problema se agudiza en los jóvenes de estos estratos y en no pocos jóvenes populares hasta volverse una crisis que amenaza seriamente su constitución personal. Por eso la salida a la calle hasta tumbar al Gobierno es síntoma de esta desesperación de fondo, que quisiera expresarse de modo más constructivo, pero que no encuentra canales. Porque para el joven lo más grave no es un presente empantanado, sino no vislumbrar futuro. Quienes salen son quienes no quieren irse del país y, sin embargo, sienten que se les cierran las puertas. Hemos comenzado expresando que no estamos de acuerdo con ese camino y que pensamos que debe acabar cuanto antes. Pero tenemos que hacer justicia a las motivaciones de fondo. Unas motivaciones que, desgraciadamente, no está queriendo comprender el Gobierno.
¿Y por qué no sale el pueblo?

¿No es a él a quien más le afecta la violencia y el deterioro económico y de los servicios?
Es a quien más le afecta, sin duda, la violencia. También le afecta gravemente el deterioro de los servicios, ciertamente la educación, que está en un estado tan lamentable que inhabilita casi al joven para un desempeño profesional cualitativo; pero más todavía, si cabe, el de la salud ya que el abandono de los hospitales por parte del Estado lleva a la muerte de no pocos enfermos. El deterioro económico le afecta muchísimo; pero en este punto el Estado, si no le ha dado capacitación a la altura del tiempo para que él se haga autónomamente su vida, que es el derecho de los derechos, sí le ha dado subvenciones y empleos, en gran medida no productivos, que han sacado a muchos de la miseria. En este sentido hay un agradecimiento por parte de los más pobres y de los empleados. Y hay también una dependencia. Esta dependencia se agudiza por el control de las asociaciones de vecinos, del partido y de otros colectivos comprometidos con el Gobierno.
A pesar de eso, sin embargo, gente popular organizada viene protestando incesantemente. Pero son protestas concretas, que tienen como contenido principal la situación laboral y también la vivienda y el hábitat. En este sentido preciso tendríamos que decir que la gente popular organizada es la que más ha manifestado en la calle reivindicando sus derechos. No se les puede acusar responsablemente de apatía. También habría que subrayar que ordinariamente ha estado sola en esas luchas, que nadie ha dado la cara por ellos. Y no se ha quejado porque está acostumbrada: sabe que es así, que solo se ocupan personalmente de ellos en tiempo de elecciones.

No ha secundado estas protestas para sacar al Gobierno por dos razones:
Porque realistamente cree que ése no es el camino, que por esa vía no tiene nada que ganar y mucho que perder, y porque no cree de ningún modo en la alternativa que pudiera salir por ese camino.
No verlo así es parte del desencuentro de las clases medias con el pueblo, un desencuentro que tiene ya más de tres décadas. Sería importante que, al verse solos, comiencen a pensar que estarían muchísimo mejor si acompañaran al pueblo; así el pueblo los acompañaría también. Pero, como hemos dicho del Gobierno, eso exige un cambio de modelo que Dios quiera que se vaya dando antes de que sea demasiado tarde.

La nueva realidad


De acuerdo a los resultados de la última encuesta de Ivad, más del 70 por ciento de los venezolanos se encuentra descontento con su situación personal y pesimista en torno a su futuro. El 55 por ciento de los consultados opina que Venezuela vive una cosa muy parecida a una dictadura.

Cerca de la mitad del país acepta mentalmente la eventualidad de convocar a una Asamblea Constituyente o solicitarle la renuncia al presidente Nicolás Maduro. El Jefe del Estado observa, en este momento, un índice de rechazo que va camino al 60 por ciento.
Particularmente descriptiva del actual estado de cosas es, en la medición que glosamos, la distribución de simpatías políticas plasmadas en los denominados "bloque políticos situacionales".
Valga decir que, con el paso de los años, esta es una de las mediciones tradicionales de Ivad para calibrar la polarización y el forcejeo entre el chavo-madurismo y la oposición democrática por el control de las preferencias del venezolano.
Por primera vez en unos 11 años, la correlación favorece claramente a las fuerzas de la Unidad, en una relación de ventaja que bascula en los 9 puntos: 48 de los azules contra 37 de los rojos.
Los dígitos que comentamos en calidad de reporte son particularmente reveladores y aproximadamente escandalosos. Ivad es una firma muy consultada por todo el estamento político nacional, incluyendo al propio Palacio de Miraflores.
Baste decir que, durante todos estos años, los niveles de satisfacción de la población, así como la aceptación de la gestión presidencial, estaban encaramados con comodidad en la plataforma del 50 por ciento; un planteamiento como la renuncia presidencial ni siquiera estaba presente en el radar demoscópico y los bloque situaciones ofrecían una tradicional ventaja, no muy amplia, pero inobjetable, del chavismo frente a la oposición.
Hay que decir, además, que las mediciones de Ivad son tradicionalmente muy conservadoras respecto a las posibilidades reales de la Oposición política: en los actuales momentos, a manera de ejemplo, hay estudios de otras firmas, como la de Alfredo Keller, que ofrecen un panorama todavía más nítido y concluyente en torno a la grieta de la crisis, el fermento anímico de la población respecto al país en el cual vive y la creciente necesidad de que las cosas cambien.
Con toda seguridad, los números actuales son los mejores para la Oposición en 11 años. No es este un comentario doméstico. No hay posibilidad alguna de activar una salida constitucional que le otorgue un punto de fuga a la acumulación actual de tensiones si el mapa de simpatías en Venezuela no emprende, como parece estarlo haciendo, una radical recomposición.

Ni siquiera las posiciones más descreídas en torno a nuestra realidad institucional y las posibilidades de una salida electoral podrían dejar de desconocer que, hasta la fecha, el chavismo administraba unos niveles de popularidad, y en consecuencia de legitimidad, imposibles de obviar cuando tocaba sentarse a analizar la realidad.
El chavo-madurismo ha cavado su propia fosa equivocándose. Y el patriarca ya no está. Como hemos afirmado en otras ocasiones, la crisis en curso no está alimentada por un artificio mediático o una componenda de los denominados poderes fácticos.
Vivimos una crisis económica con todas las de la ley: una grieta que, expresada en inflación, escasez, corrupción y violencia, camina a velocidad crucero por todas las clases sociales. Las protestas mancomunadas de Petare y sus vecinos de Terrazas del Ávila no deberían ser pasadas por alto.
La profecía se ha cumplido. La producción nacional está arruinada. Las expropiaciones le dieron los confines definitivos a la destrucción del país. El denominado Plan de la Patria es un estrepitoso fracaso. La utopía es una distopía.
¿Adelantó la jugada Leopoldo López con el planteamiento de "La Salida" y la convocatoria a la calle, como aseguran hoy sus críticos? Es una discusión que, llegados a este punto, luce totalmente ociosa.
Las crisis sociales no atienden protocolos; lo cierto es que el estallido ya está entre nosotros y la cara del país es otra desde el 12 de febrero. A usted puede que eso no le guste, pero eso no es problema de la crisis: ella sigue ahí.
Nadie podrá afirmar, sin que sea tomado por loco, que todo el mundo debe volver a su casa a esperar que los sensatos nos avisen qué es lo que debemos hacer, en virtud de que, con un pistoletazo adelantado, Leopoldo y María Corina Machado anunciaron una salida en falso.
Ha quedado dicho en otras entregas: no estamos en 2002. Estamos en 2014. Nadie está protestando porque Maduro tiene la piel oscura o sea portador de alguna otra verruga: hemos vivido en estos lustros una interminable secuencia de desaciertos, corrupción, imposturas e impunidad.
La muerte de Mónica Spear abrió la espoleta de la indignación ciudadana y esa circunstancia no se puede desconocer prescribiéndole a los demás manuales de comportamiento de carácter académico. Todos los argumentos del chavismo en torno a lo que sucede ­guerra económica, burguesía parasitaria, sabotaje- están hoy en una profunda crisis. También eso lo recogen las encuestas.
Lo procedente respecto al curso de esta crisis, que ni siquiera el más radical de los chavistas se puede atrever a desconocer, es cabalgarla. Colocarse delante de las demandas ciudadanas, pedirle al gobierno explicaciones y responsables y orientar el cauce ciudadano a una resolución incruenta y constitucional. Eso y no otra cosa era la denominada "salida". En 2015 hay algunas costas electorales. Para allá hay que remar.
Es cierto que las guarimbas son un procedimiento incivil y en muchas ocasiones aproximadamente inútil. No lo es menos que la toma de la calle es un haber fundamental para fomentar la comprensión de la crisis que vivimos y la discusión de la salida que debemos construir.
Lo que se ha avanzado a partir del 12 de febrero, es, cuantitativa y cualitativamente, muchísimo. Hacer oposición no puede residir únicamente redactar reglamentos, negociar candidaturas y emitir pronunciamientos públicos. Nadie aquí está dispuesto a esperar 2019 resignados y metidos en nuestras casas. El país ya no da para eso.

Control económico y militar


El gobierno de Maduro, siguiendo los pasos de Chávez, se ha esforzado en mantener una base de apoyo popular y militar al régimen a través de gasto social y la ideología socialista. 

Para eso ha usado, primero, el pilar de la economía subsidiada y regulada, financiada de todas las maneras posibles con alto endeudamiento y financiamiento monetario, violando imperturbablemente los artículos 314, 318 y 320 de la Constitución; segundo, ha usado el control militar como base de la llamada "unión cívico-militar" que ha pretendido imponer la visión ideológica del socialismo chavista sobre la Fuerza Armada violando abiertamente la Constitución en los artículos 328 y 330. 
El control sobre la economía se comenzó a ejercer en forma creciente a partir de 2003, con nacionalizaciones, expropiaciones, control cambiario y fijación de precios. 
La base de la expansión de los beneficios sociales fueron fondos presupuestados y otros provenientes de operaciones de crédito con China, la tesorería de Pdvsa y el sometimiento del BCV; pero también estos medios de control económico y militar crearon una gigantesca red de corrupción cambiaria, negocios turbios dentro del Estado, así como llevaron a la rápida decadencia y saqueo de cientos de empresas públicas tradicionales y nuevas "socialistas". 
El control militar, también iniciado en 2003 se expandió dentro y fuera de FAN, hasta colocar a militares activos o retirados, pertenecientes al golpista MBR200, al frente de los entes financieros y de ejecución de gasto en obras públicas más importantes del Estado. 

La introducción, vía adoctrinamiento, de la antigua visión socialista marxista pre-1990 al mundo militar y su leninista antiimperialismo, el rechazo de la economía de mercado, junto a la descalificación de los adversarios políticos como traidores a la patria, terminó en la patológica justificación de alzamiento militares de izquierda "buenos" versus los golpes fascistas "malos". 
La repartición de beneficios materiales a una pequeña élite militar y el nacionalismo estilo cubano, aspiró a colocar a la FAN como un brazo armado socialista y un veto a otros aspirantes a gobernar al país. El fin chavista de mantenerse en el poder "justifica" los medios, corruptelas y hundimiento de la economía en inflación, desabastecimiento crónico y empobrecimiento.

El legado de Chávez


En 1999 el "comandante eterno" inició la más brutal guerra económica, política y social contra el pueblo venezolano, que golpeó severamente el aparato productivo y la institucionalidad del país, dejando así una sociedad más empobrecida y desesperanzada. Avanzó mucho con el chorro de petrodólares que le permitió crear una legión de beneficiarios del Estado poderoso.

Tenía la famosa chequera con la cual no solo compró conciencias en el exterior sino que creó misiones que en principio parecían coyunturales, pero que con el tiempo se convirtieron en los viejísimos programas sociales que han sido propagados como banderas de la revolución.
Gastaba a manos llenas con el aval de un barril petrolero que cada día era más caro y en consecuencia entraban más divisas para mantener cierto "estado de bienestar", y esperanza en los desposeídos. No importaba aporrear la economía pues se impuso la tesis de importarlo todo, porque además pensaba que así se controlarían la inflación y la escasez que ya asomaban el rostro.
Hasta que llegó lo que llegó. Hace ya un tiempito el precio del crudo se estancó en la escalera a 100 dólares el barril mientras que el manirrotismo y el gasto público siguen por el ascensor.
Irrumpió entonces la cultura del rebusque, pues la buhonería compra en mercados privados y especula en las calles. Y paralelamente el descontento social comenzó a expandirse incluso a sectores hoy todavía chavistas, mas no maduristas, ante el deterioro de las misiones y los anaqueles semivacíos de Mercal, Pdval y el Bicentenario.
Ese es el legado que Chávez le dejó a Nicolás, a quien hoy frente a la protesta social lo único que se le ocurre es reprimirla con mucha dureza, pues ahora no tiene suficientes dólares para comprar y el fanatismo castrochavista le impide dar el golpe de timón que necesita la economía.
Y ni hablar del "hombre nuevo" que dejó Hugo, una generación de jóvenes de entre 12 y 20 años de la cual un número considerable no ha desarrollado ética de vida y asesinan a diario impunemente, y son los "duros", bien desde colectivos criminales o desde el hampa común.